Hoy, como buena ergentina me ocupare de un tema folklórico profundamente enraizado en las costumbres de los argentinos y muy particularmente de los pobladores del interior del país. Que puede considerárselo como un símbolo de la amistad y del sentido de democracia.
De amistad porque ha sido y sigue siendo una forma de agasajo, de ofrenda, de homenaje. De democracia, porque en el acto de compartirlo hay una tácita renuncia a los privilegios, a los fueros y a los títulos que de alguna manera significan diferencias sociales.
... Como primer punto sobre el tema debemos decir que el vocablo MATE según Don Amaro Villanueva, a quien seguiremos en la fundamental de esta exposición, en voz castellanizada que proviene del quechua MATI y que significa vaso o recipiente para beber.
Esta afirmación está confirmada por la opinión del profesor Felix Coluccio en su "Diccionario Folklórico Argentino".
La palabra mate designa entonces al recipiente en que se sirve la infusión, pero denomina asimismo a la infusión en sí. Así decimos mate de porongo, mate de plata, mate de madera; y decimos también cebar mate, servir el mate, tomar mate, etc, etc.
Y de allí que expresiones que aparentemente aluden a un ente material tienen el significado de un ofrecimiento o un obsequio. Así por ejemplo cuando una persona de nuestra amistad o a quien queremos agasajar le decimos: "Un matecito ..." no le ofrecemos de regalo un mate, es decir un recipiente, sino que le ofrecemos un mate cebado, una infusión, como muestra de cortesía o deferencia.
En épocas pasadas cuando llegaba una visita a la casa y no había otra cosa con qué obsequiarla, al servirle el mate se le decía: "No tengo otra cosa con qué hacerle cariño".
Y en esto de indagar el significado de las expresiones usuales en torno al tema que nos ocupa, enseguida encontramos algunas que como "cebar" el mate; "servir" el mate, tienen una intención y aluden a circunstancias bien determinadas y diferenciadas.
Servir el mate significa simplemente llevarlo de manos de quien lo ceba a manos de quien lo va a tomar. Cebar el mate en cambio, significa prepararlo y mantenerlo en condiciones florecientes y apetitosas.
Es por eso que quienes sirven el mate son generalmente los niños, pero quienes lo ceban son personas mayores que conocen profundamente el arte de combinar los distintos elementos de la infusión de tal modo que resulte agradable al paladar y ofrezca a los ojos del matero exigente una presencia acorde con su exquisitez. Y la pericia e impericia del cebador se reflejan en las que van de un mate lavado a un mate espumoso y aromático.
De allí que el arte de cebar el mate fuera objeto de especial preocupación para las dueñas de casa de antaño, tanto que el mate mal cebado podía constituir principio de descrédito para una familia.
Y esa preocupación se manifestaba en la precaución de tener siempre en la casa una buena cebadora de mate.
Según referencias de Don Rodolfo Sewet a veces se tenían dos cebadoras: una para mate dulce y otra para mate amargo.
Sin duda esas precauciones no obedecían a simples pruritos sociales sino a una forma de orgullo criollo como el del buen domador que prefiere que el animal lo golpee antes de charquiar, o el del rastreador que pone todo su empeño en la tarea que cumple y de la que depende a veces el éxito de una pesquiza policial o la recuperación de un importante bien perdido.
En esta nada sencilla tarea de cebar un mate apetitoso no sólo debe cuidarse el sabor de la infusión sino también detalles como esos cuyo olvido ponen en serios apuros a dueñas de casa y visitantes cuando en manos de estos se tapa.





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